Todos hemos oido hablar de Juana. Es terrible y muy triste la situación por la que están pasando, pero no me interesa ahora su historia y sí la percepción social.
Quiero aclarar que nada de lo que digo va a favor ni en contra de los protagonistas de esta triste historia, porque siempre hay dos versiones en estos conflictos y por terrible que suene la versión de una u otra parte, nosotros no sabemos nada más que lo que nos quieren contar.
En este artículo sólo quiero reflejar lo diferente que sería la historia de mi protagonista que, como ya sabéis que soy más de contar historias, os voy a contar lo que le sucedió a un chico de 23 años de Granada, pongamos que se llama Juan.
Juan se fue a Londres para aprender inglés. Allí conoció a Francesca, italiana 10 años mayor que él y se fue a vivir con ella.
-¿No vas un poco rápido? Ella es mayor pero tú eres muy joven-le decía a Juan su madre-.
Pronto ella quedó embarazada, nació su primer hijo y se trasladaron a su pueblo en Italia.
Una noche Juan salió de fiesta con sus amigos, volvió a casa de madrugada y Francesca le impidió pasar al cuarto. Juan, enfadado, comenzó a romper las cosas de Francesca (portátil, documentos, etc.). En la pelea, Francesca pegó a Juan, que tuvo que ser atendido en el hospital. Juan detalló la pelea al médico, que no consideró necesario denunciar nada (¿¿malos tratos a un hombre que ha salido de fiesta??), al igual que los 'carabinieri' que definieron las heridas como resultado de una pelea después de una noche de copas.
-¡Cómo se te ocurre ir de fiesta dejando a tu mujer sola con el niño!- se enfadó la madre de Juan al enterarse-.
La familia de Francesca, y el pueblo en general, comenzaron a criticar despiadadamente a Juan: es un jovenzuelo alocado, un mal padre, un fiestero, irse de fiesta con los amigotes, dejar sola a la madre, borracho, macarra metido en peleas, romper la casa de ella... En Granada la cosa no mejora y, bajo esta presión, Juan decide separarse e irse con el niño.
Francesca le denuncia por abandono del hogar y el juez le niega la custodia a Juan, debe entregar el niño a su madre, así como pasar una pensión de manutención a Francesca.
Con el tiempo, y por el bien de su hijo, Juan y Francesca resuelven sus diferencias y vuelven a convivir. En esta ocasión deciden irse vivir cerca de la familia de ella y montar un negocio rural con su ayuda. Nace su segundo hijo y todo parece ir bien.
Rápidamente las cosas se complican de nuevo. Él se siente encerrado y aislado en un pueblo, se le exige atender el negocio y a los niños, el agobio crece, el intenta evadirse. Francesca empieza a presionar a Juan ante su actitud dejada. Vuelven las discusiones y las peleas.
-Debes ser responsable, tienes un negocio y dos hijos -le recuerda constantemente su madre-. Ya no tienes 23 años.
Juan intenta denunciar malos tratos. Sin partes de lesiones realmente importantes y en su situación, nadie le toma en serio. Los del pueblo dicen que deben arreglar sus problemas entre ellos.
Agobiado ante la presión y las continuas peleas, aprovechando las vacaciones de verano, Juan coge a los niños y vuelve a Granada con su familia. Nunca volverá a Italia-¿Pero tú estás tonto?-pregunta su madre-. Vuelve a Italia y devuelve los niños a su madre antes de que tengas un problema.
Al poco tiempo Francesca denuncia a Juan y rápidamente el gobierno italiano toma cartas en el asunto: un hombre abandona su hogar, rapta a sus hijos y cruza la frontera sin permiso expreso de la madre, recordemos, existiendo un trámite de separación y sentencia correspondiente previos que daban la custodia a la madre.
Dada la presión mediática, el embajador italiano presenta una reclamación al gobierno español, que viendo la situación de indefensión de los menores y el incumplimiento de la sentencia, Juan es declarado en busca y captura. No hay manifestaciones a su favor y rápidamente es detenido en el trabajo (del que es despedido automáticamente), llevado al portal de su casa para recoger a los niños rodeado de vecinas al grito de secuestrador y detenido durante 48 horas mientras el juez le "congela" la cuenta corriente. Juan busca un abogado, apela al TC y al tribunal europeo para ralentizar el proceso, no existe opción de huir en secreto con los niños que han pasado las 48 en un centro de acogida de menores esperando a su madre.
Las asociaciones correspondientes se movilizan en defensa de los derechos de la madre y por la devolución de los niños. No hay asociación de apoyo para hombres y Juan se ve más abandonado todavía. Mientras, la madre poco a poco va influyendo en sus hijos en contra de su padre.
Juan manda un mensaje a los medios que es tergiversado y se convoca una manifestación en apoyo a Francesca y la vuelta de sus hijos.
Nadie escucha la opinión de los psicólogos y pediatras que han tratado a los niños. Nadie pregunta a los niños. Juan termina tres meses en prisión y ve a sus hijos cada 15 días en un centro siempre acompañado de los servicios sociales.
Todo esto lo podéis leer en otra versión aquí.
Y a esto se le llama Ley Asimétrica.
Todos los detalles aquí expuestos sobre casos de divorcios, denuncias, acusaciones y demás son reales (aunque corresponden a varios hombres).



