Hablando con mis progenitores en la sobremesa de ayer, charlamos divertidamente sobre el calzado de la Princesa de Asturias, la cual, dada su escasa envergadura, usa unas bonitas plataformas para alcanzar sus objetivos. A los que nos sentabamos a la mesa, nos parecía muy ridículo intentar disimular estos "defectos".
Podría parecer algo superficial el comentario y que nos mofábamos de SAR, pero viendo las últimas revistas del cuore, llama mucho la atención la cantidad de acomplejados por su altura que llenan las páginas del corazón.
Entre el club de los Zapatones tenemos a Kim Jong-Il, a Nicolás Sarkozy o a Tom Cruise y Victoria Beckham. Luego están los que usan taconazos como el Fary, que él tenía mucho estilo y usaba botines como el torito, o Elsa Pataky que no intentan disimular lo indisimulable (es de chiste la foto de Tom y Vicky rodeados de torres como Will Smith).
Puedo entender un criterio estético para mejorar el aspecto, pero usar unos zapatos ortopédicos y feos para intentar disimular la baja estatura no sólo es de chiste y mofa, también es de psicólogo. Todo esto nos lleva a la viejuna de setenta y muchos años que atendí el viernes. Muy agradable y razonable (no todos los viejunos son "gaseables"), había invertido en mejorar su aspecto sin pensar en el día de hoy, en el que la cirujía ya no puede seguir reparando sus pechos duros, pero deformados, sus gruesos labios, pero caídos, su piel estirada, pero envejecida...
Por los bajitos orgullosos de serlo. Por ancianos con aspecto de ancianos. Y por todos los que aceptan lo que son y hacen de sus defectos una virtud sin recurrir a ortopedias ni cirujías.