21 ago. 2010

Casi perfecto.

Hay días que parece que te reconcilias con el mundo y sus circunstancias, pero el método empírico demuestra que el día perfecto no existe y, por tanto, si todo ha ido bien en el día, al final verás como viene alguien y lo jode.

Te levantas por la mañana descansado. Te adecentas y sales puntual de casa con tus progenitores.

Llegas temprano al trabajo sin necesidad de correr, saludas a tus compañeros y todo está tranquilo.
Todo el mundo trabaja de manera relajada. Transcurre la mañana con una pequeña amenaza de tormenta a la hora de la comida, pero no son más que nubarrones lejanos que desaparecen en un mar en calma.

Comes con tranquilidad y compras un regalo para un buen amigo de la infancia que estrena su casa. Es un regalo que te hace ilusión hacer, tienes la suerte de comprar el último accesorio que queda del modelo que te gusta y encima te hacen un pequeño descuento, por lo que te pones aún más contento.

Pasa la tarde sin sorpresas, preguntas raras ni reparaciones imposibles. Sales del trabajo puntual.

Decides coger un taxi para no retrasarte demasiado. Un taxista majo te saluda correctamente, charla contigo durante el trayecto de manera educada y te pide disculpas por distraerse, PARANDO EL TAXÍMETRO como compensación. Abonas el trayecto con alegría porque te parece justo el precio y has tardado muy poco. Te despides del simpático taxista y te arrepientes de no haberle pedido el teléfono (para futuros transportes, pasaportes y picaportes).

Celebras la inauguración entre gente simpática y antiguos amigos de la infancia con los que te reencuentras. Risas alegres, gente sana y normal celebrando una reunión de amiguetes. Noche de verano poco calurosa y agradable.

Vuelves a casa a una hora prudente, amablemente te ofrecen acercarte a casa y, para no molestar demasiado, acepto que me acerquen al medio de transporte público más cercano. El autobús te espera con puntualidad y comienzas el retorno rápidamente. La gente, jovenes y mayores de todo tipo, saludan con educación al conductor, toman asiento con corrección y el viaje transcurre tranquilo por la ciudad de madrugada llevándome a casa con gran rapidez.

Pero se sube el bohemio de turno, italiano para más descrédito, al todo le importa una mierda (excepto que le toques su dinero) que ni saluda, ni paga billete y se permite el lujo de poner sus sucias alpargatas pisando el asiento de delante.

He llegado a casa en 25 minutos y no he podido evitar descargar mi furia en estas líneas, aunque creo que el día habría sido perfecto si hubiera aplastado su cráneo contra el suelo.

2 comentarios:

Manu dijo...

Mas de un craneo aplastado deberia circular por la maravillosa EMT y Metro. Pero de momento creo que lo unico que podemos hacer es decargar nuestra ira en estos diarios. Me alegro de que a pesar del italiano, todo fuera tan bien!!!

Un Saludo!! :P

Cuke dijo...

HOLA MANU!!! No sabía que fueras bloguero, así que tienes un nuevo seguidor. Un abrazote enoooorme.