17 abr. 2009

El opio del pueblo.

Empecemos por lo importante. Feliz Pascua a todos.

Leía hace poco sobre publicidad y control de la opinión pública e incluso hice algún apunte en un post anterior.

Hoy me encuentro cientos de comentarios sobre el éxito de cierta inglesa que quiere ser cantante. Todo el mundo está orgulloso al ver a una pobre cantante de coro parroquial acercarse al éxito.

Me alegro por ella. Seguramente ha trabajado con esmero su voz y no lo hace mal, pero hay cientos de músicos profesionales que lo hacen mejor y nadie les da trabajo o le pagan una miseria.

Encontrad el parecido entre estos dos casos:
Paul Potts, un vendedor de teléfonos móviles.
Susan Boyle, cantante aficionada de una parroquia inglesa.

Los guionistas y productores del programa lo tienen todo calculado.
Escogen personas no agraciadas físicamente y carentes de formación. En principio parece que van a hacer el ridículo, preparan al público para reírse, el jurado hace la pantomima pero los concursantes salen airosos del trance.

Entre los dos juntan más de 50 millones de visitas en la web.

En España, como somos más radicales, pues ponemos a todos los freaks juntos y publicamos sus miserias para hacernos ricos. Y lo mejor es que todos los participantes van orgullosos a publicarlas. Claro, aquí nos hace más gracia la desgracia ajena.

Hace años, el Washington Post hizo un experimento poniendo a uno de los mejores violinistas del mundo en una parada de metro. Un artista que llena auditorios enteros y sólo una persona paró a escucharle.

En cualquier caso, el profesional, el buen profesional y ya no hablo sólo de músicos profesionales, está devaluado y nunca atenderemos a su trabajo ni aceptamos el coste de su trabajo.

Un buen músico, como un buen cirujano, ingeniero o abogado, es un profesional que hace un trabajo con calidad y garantías, que ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a recibir una formación para ello. Y todo eso cuesta dinero.

Me jode cuando la gente critica mis honorarios cuando les arreglo el ordenador, se rasgan las vestiduras al conocer los sueldos de cualquier profesional, regatean a los maestros de música sus lecciones pero todos se felicitan del éxito de dos músicos mediocres. Por cada Sr. Potts te presento a cuatro estudiantes del conservatorio que les dan mil vueltas pero, claro, ellos no tienen campaña de publicidad que les avale ni programa de televisión que saque dinero publicando sus intimidades.

No hay comentarios: