16 mar. 2009

Porque yo lo valgo.

Ayer paseaba con mi amiga Pipin y, mientras nos desahogábamos antes de empezar la semana, dije: "La gente es mediocre y lo peor es que le gusta ser mediocre. Puede que no les guste ser mediocres pero se conforman siendo mediocres."

En alguna ocasión me han acusado de prepotente o presuntuoso y siempre he aceptado esas críticas porque hay momentos en los que soy displicente con los que no saben, bueno, más concretamente con los que no demuestran interés por saber o no valoran los conocimientos de los demás.

Hoy no. Este fin de semana creo que he demostrado que lo valgo y que me merezco, por un día, decírme: Olé, yo mismo.

El jueves toqué con cierta gracia una pieza de Bach con la guitarra y preparé una interesante actividad sobre Vincent Van Gogh con gran éxito.
El viernes aprendí dos nuevas canciones con el violín y reparé un ordenador con un clip ante un anonadado informático (con carrera y todo) que con todas sus herramientas había sido incapaz.
El sábado mi jefe se despedía de mí recordando (me reía yo porque no me acordaba de la hazaña) lo agradecido y asombrado que estaba desde cierta misión especial que me encomendó en la que transporté una impresora de 50 kilos y arreglé dos ordenadores en tiempo récord yo solito.
Ayer hice una cena estupenda siguiendo los consejos aprendidos viendo Telehuevo.
Hoy he arreglado la lavadora.
Mi madre quiere que le haga un cuadrito como aquel de Florencia del día creativo y mi padre que le compre un par de películas y corbatas (dice que tengo muy buen gusto para ambas cosas).

Pues eso, por un día, porque yo lo valgo, como diría el Profesor Omelette: "con dos docenas huevos".

Postdata para los amantes de "Las Historias Increíbles", os avanzo que el miércoles publicaré un especial de los últimos días. No os lo perdáis.

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