18 feb. 2009

Y vuelvo a mis hábitos.

Menos libros de arquitectura, periódicos y ensayos de economía... Lo malo es que las nuevas tecnologías me permiten ampliar la búsqueda y mi capacidad de encontrar estupideces ha alcanzado, lógicamente, la velocidad estúpida. Vuelve Retrospecter, los caballeros que dicen Ni y los artículos de coña, aunque no trabajo ese artículo (preocúpate si has sido capaz de identificar los tres enlaces sin pinchar en ellos).

Empiezo por estar permanentemente conectado con mis amigos a través de redes sociales lo que genera un envío constante de fotos, mensajes y videos. Alguno pensará que tengo demasiado tiempo libre y que me aburro mucho, que debería trabajar y estudiar o algo así. Bueno, a eso suelo contestar con mi horario, pero no es cuestión de airear trapos sucios. Reconozco que sí debería practicar más deporte, que parezco un luchador de sumo, hacer algo de gimnasia, ponerme a entrenar y volver al rugby. Por otra parte, últimamente salgo poco de fiesta, tengo planes más tranquilos en casa de amigos, en plan ven a mi piso que tengo una lámpara nueva o vamos a jugar a videojuegos. Tal vez necesito un cambio de aires, lo mejor irse de viaje o buscar novia en un programa de la tele (lo de este programa es inenarrable). A todo esto, me preguntó una vecina viejuna que si no tenía novia (vamos, que sólo le faltó decirme que si no ligaba que ya soy mozo viejo) y pensé alguna de mis famosas contestaciones a preguntas inoportunas pero me limité a contestar cortante: ¿para qué? Lógicamente la viejuna no se atrevió a contestar. A este ritmo, terminaré muriendo en el Facebook.

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