27 abr. 2008


Soy Leyenda.

Tu estrategia no fue fructífera y no lograste tu objetivo. Aquí estoy, tranquilo y descansado mientras tú te recuperas de distensión de vejiga.
Más de dos horas hablando sobre el funcionamiento de un telefax es más que suficiente para alguien se ponga nervioso, pierda el juicio y se líe a tiros. Tal vez podría haber dado fin a aquel sufrimiento de una manera más clara. No lo hice, mi paciencia va más allá.

Mi jefe me dio tres avisos, sacaron los bueyes, el pañuelo verde y por cuatro veces escuché la canción de los gatos. Hubo risas y aplausos a tus espaldas.
Yo jugaba con la presión de mis compañeros en contra pero aún así te arrinconé y tuviste que buscar aliento. No te dejé ir.
¿Querías amargarme la tarde?
Te la amargué yo a ti.

No es la primera vez que lo hago. ¿Recordáis aquel imbécil que tenía reserva en el Txistu a las dos y media? Nunca llegó, conmigo no se juega.

No debemos excedernos, ni propasarnos, para todo hay un límite y lo excediste.
Como no lo conocías te lo he enseñado yo. El exceso llegó cuando pediste ir al baño. ¿No crees que el hecho de ir al baño dos veces es indicativo de que te estás excediendo? Pues te aguantas como me aguanto yo, haber sido menos locuaz y menos pesado.

Cambiaron las tornas. Cobarde, te retiraste, no aguantaste la presión, un pesado tiene que estar preparado para todo, hasta para enfrentarse a otro pesado.

Utilizaste el comodín de la llamada, pobre recurso para perder tiempo. Un pesado no llama a su esposa para avisar de que llegará tarde a cenar. Un pesado no puede dejarse vencer el tiempo, a un pesado no le esperan en casa.

No sé qué interés se te sigue pero, lo siento, no lo lograste.
Eres un viejuno, un follagatos, un plomo y has sido vencido.

¡¡Ay, madre mía, dos horas por un fax de mierda!! Sé que volverás, y como tú muchos otros que no tienen otra cosa que hacer en su vida que molestar a los que trabajamos cara al público.

Mis compañeros me sacaron a hombros. La faena de esta tarde ha alcanzado la categoría de mitológica. Más de dos horas hablando sobre un maldito fax y conseguir que un cliente pesado se vaya a la mierda aburrido sólo lo pueden lograr los elegidos.
Hoy lo he logrado, he alcanzado el olimpo, el nirvana, la gloria.
Hubo vítores, hubo aplausos. Hoy he vencido a uno de los peores elementos de la cultura española: el viejuno plomazo.

2 comentarios:

Loft dijo...

Enhorabuena,

la cuestión es: ¿a tu jefe le parece bien que hayas ganado?

¿de verdad has ganado algo?

Cuke Zapater dijo...

Mi jefe aplaudía la faena. Piensa que él también tiene que lidiar con ellos y me los pasa cuando no puede más.